viernes, 5 de abril de 2013

964. Sigue Dios cada uno de nuestros actos para recompensarnos, o sancionarnos?


COMENTARIO EXEGÉTICO N° 964.
Giuseppe Isgró C.


964. Sigue Dios cada uno de nuestros actos para recompensarnos, o sancionarnos?
-“Él tiene sus leyes, que los regulan; si las violáis es culpa vuestra. Si un ser humano comete un exceso, Dios, ciertamente, no pronuncia una sentencia en contra de él para decirle, por ejemplo: -“Tú fuiste intemperante, y ahora te castigaré”. Él ha trazado un límite; las enfermedades, y, con frecuencia, la desencarnación, son la consecuencia de los excesos. Este es el castigo, es decir, el resultado de la infracción de la ley. Así ocurre en todo”-
Comentario de Allan Kardec: Cada una de nuestras acciones está sujeta a la ley de Dios: aún cuando nos parezcan de poca importancia, puede constituir una violación. Si después nos toca asumir las consecuencias de esta violación, no debemos culpar más que a nosotros mismos, por cuanto, de esta manera, somos los artífices de nuestro propio bien, o del mal futuro. Esta verdad se hace evidente en el apólogo siguiente.
Un padre, que le ha dado al hijo la educación y la instrucción, es decir, los medios para saberse comportar, le cede, para que los cultive, un campo, y le dice: -“Esta es la regla que hay que seguir y todos los instrumentos necesarios para rendir fértil este terreno, y estructurar tu subsistencia. Tú tuviste de mí la instrucción que basta para comprender esta regla, si la sigues, tu campo será muy productivo, y te procurará el reposo en la edad avanzada; si no la sigues, no te producirá nada, y pasarás necesidad”. Dicho esto, le deja actuar a su manera.
No es verdad, quizá, que aquel campo producirá en razón de los cuidados puestos en cultivarlo, y que, cada negligencia será en detrimento de la cosecha? El hijo, estará, por lo tanto, en la edad avanzada, feliz, o insatisfecho, según que haya seguido o descuidado la regla que el padre la había trazado.
Ahora, Dios, también es más previsor, por cuanto nos advierte a cada paso, si hacemos bien o mal, y nos envía los Espíritus a aconsejarnos: peor para nosotros si no les escuchamos. Y, todavía, existe esta diferencia: que Dios concede siempre, al ser humano, con nuevas existencias, el medio de reparar  sus propios errores, mientras que al hijo del relato, si ha empleado inadecuadamente su tiempo, no le queda ninguno. (Allan Kardec).

COMENTARIO EXEGÉTICO GIC:

Dentro de la conciencia de cada ser existe una hoja de vida que representa el equivalente a una hoja de cálculo electrónica, en la cual cada registro suma, resta, divide y multiplica cantidades que, en forma automática, afectan el saldo total.
 En cada persona, ese saldo representa la SUMA EXISTENCIAL, el gran total de vida. El programa que rige el proceso, desde cada asiento hasta el resultado final, está basado en las leyes de afinidad, de justicia, de igualdad y de compensación. 
Es decir, cada acto es pesado en la balanza de la justicia, cuyos platillos son la ley de igualdad y la de compensación. Todos los seres son iguales en la ley y ante ella; cada acto es pesado, y compensado, en la respectiva polaridad positiva o negativa: o suma o resta, en el saldo existencial. 
El resultado, es decir, la suma existencial, otorga un poder de acción o de pasividad, y de acuerdo al respectivo saldo es ubicado, o reubicado, cada ser, en el orden que le corresponda, del cero al infinito. De manera, que, es un proceso automático e instantáneo.

963. Se ocupa Dios de cada ser humano? No es demasiado grande la diferencia entre su grandeza y la pequeñez humana para que cada individuo particular tenga importancia para él?


COMENTARIO EXEGÉTICO N° 963.

©Giuseppe Isgró C.



963. Se ocupa Dios de cada ser humano? No es demasiado grande la diferencia entre su grandeza y la pequeñez humana para que cada individuo particular tenga importancia para él?
-“Dios provee a todos los seres que han emanado de Él, por cuan pequeños seamos. Su bondad no tiene límites”-.

COMENTARIO EXEGÉTICO GIC:

Cada ser, en los cuatro reinos naturales, emana del Creador Universal, como un instrumento de su voluntad.
El uno es anhelo de ser y ley cósmica; el otro, es la expresión de ese anhelo, en el cumplimiento de esa ley cósmica, para realizar la gran obra de la Creación.
No solamente se ocupa del ser humano; lo hace con cada uno de los seres en los demás reinos naturales, incluyendo el mineral.
Quién dijo que es pequeño el ser humano? Es una emanación de la misma naturaleza espiritual del Creador, dotado de sus mismos atributos y de un poder creador, con infinita potencialidad, tanto en percepción como en acción, en el eterno ahora.
Se conoce el ser humano a sí mismo para percibir su grandeza? Si se conociese, no pensaría que es pequeño. Es tal como emanó del Creador y con una misión y un plan, que es el plan de Él. No es poca cosa ni de poco peso. Teniendo el ser humano una conciencia que es la réplica de la de Él, en ella están encerrados los atributos divinos, equivalentes a cada valor universal, y por medio de los sentimientos análogos a cada valor, Él se expresa en la conciencia de cada ser, en los cuatro reinos naturales, con el conocimiento oportuno del qué, del cómo, del quién, del cuándo, del cuánto, del dónde y del por qué, y con la energía creadora, que le impulsa o le frena, según las circunstancias.
Por medio de la ley cósmica impresa en la conciencia del ser, Él realiza la gran obra universal en perfecta coordinación con cada ser.

918. Por cual indicio se puede conocer el progreso real de una persona, que debe elevar su Espíritu en la jerarquía espiritual?




CARÁCTER DE LA PERSONA DE BIEN

Allan Kardec


918. Por cual indicio se puede conocer el progreso real de una persona, que debe elevar su Espíritu en la jerarquía espiritual?
-“El Espíritu demuestra la propia elevación mediante la practica de la ley de Dios en todos los actos de la vida corpórea, y con el comprender, en forma anticipada, la vida espiritual”-.

COMENTARIO DE ALLAN KARDEC:

-“Verdadera persona de bien es aquella que, en cada uno de sus actos practica la ley de la justicia, la de amor y la de solidaridad, en su máxima pureza, vale decir, que jamás hace el mal, que realiza todo el bien que puede, que no da a nadie motivos de quejas, que, en pocas palabras, hace a los demás todo aquello que quisiese que le fuese hecho a ella.
El ser humano penetrado del sentimiento de solidaridad y de amor hacia el prójimo, hace el bien por el bien sin esperar el contracambio, y sacrifica su bienestar a la justicia.
Es una persona buena, humana, benévola con todos, por cuanto ve hermanos en todos los seres, sin excepción de grupo étnico ni por la índole de su práctica espiritual.
Si Dios le ha dado potencia y riqueza, las conserva como un depósito, con el cual está en el deber moral de hacer el bien; no se vanagloria, por cuanto sabe que así como Dios se las ha dado, también se la puede quitar.
Si el orden social ha puestos otras personas bajo de su dependencia, las trata con bondad, por cuanto son sus pares delante de Dios; hace uso, únicamente, de su autoridad para elevarles la moral, no para rebajarles en su dignidad.
Es indulgente por las debilidades ajenas, por cuanto sabe que a su vez precisa de indulgencia, y recuerda las palabras de Jesús: -“Quien de vosotros se encuentre libre de pecado, que arroje la primera piedra”-.
No es vengativo; pero, a ejemplo de Jesús, perdona las ofensas, y recuerda sólo los beneficios, porque él sabe que será perdonado en la misma medida en que lo haya hecho con los demás.
Finalmente, respeta en sus semejantes todos los derechos que son impuestos por la ley de la naturaleza, en la misma manera en que quisiera que les fuesen respetados los suyos”. (Allan Kardec).



lunes, 1 de abril de 2013

914. Desde el momento en que el egoísmo se funda sobre el sentimiento del interés personal, parece poco probable erradicarlo completamente de la conciencia del ser humano; lo logrará?



COMENTARIO EXEGÉTICO N° 914.

©Giuseppe Isgró C.


914.   Desde el momento en que el egoísmo se funda sobre el sentimiento del interés personal, parece poco probable erradicarlo completamente de la conciencia del ser humano; lo logrará?
-“A medida que los seres humanos comprendan mejor las cosas del Espíritu, darán menor importancia a las de la materia. Será preciso, a este fin, la reforma de las instituciones humanas que lo mantienen y estimulan, por cuanto, en gran parte, depende de la educación”-.

COMENTARIO EXEGÉTICO GIC: 

Esta respuesta refleja la misma percepción expresada en el Contrato Social de Juan Jacobo Rousseau, sobre la necesidad de un nuevo Pacto Social entre la Sociedad y el Estado, necesidad esta que, en el siglo XXI se ve inminente, pero que, en la realidad, precisa su tiempo para poder gestarlo en los niveles antes expresados. 
Es decir, se hace necesario modificar las instituciones, adaptándolas al derecho natural, mediante las cuales se haga innecesaria la expresión del egoísmo, y por ende, se habrá contribuido a erradicar la principal causa del mal social. 
Lao Tse, quinientos años antes de nuestra era, previó esto y en el Tao Te King, dejó importantes directrices al respecto.

908. Cómo determinar los límites donde las pasiones cesan de ser buenas, o malas?



COMENTARIO EXEGÉTICO N° 908.

©Giuseppe Isgró C.


908. Cómo determinar los límites donde las pasiones cesan de ser buenas, o malas?
-“Las pasiones son como los caballos: útiles, si domados; peligrosos, si indómitos. Sabed, por lo tanto, que una pasión se convierte en nociva cuando ya no podéis dominarla, y de alguna manera, os resulta perjudicial a vosotros o a los demás”-.
Comentario de Allan Kardec: Las pasiones son leves, que multiplican las fuerzas del ser humano, y lo ayudan a cumplir los designios de la Providencia; pero, si en cambio de guiarle, la persona se deja arrastrar, cae en los excesos, y la misma fuerza que en sus manos podía producir el bien, se le transforma en adversa, afectándole. 
Todas las pasiones tienen su principio en un sentimiento o en una necesidad natural; en ninguno de los dos casos, es algo malo en sí, por cuanto forma parte de una condición providencial de la propia existencia. La pasión propiamente dicha es la exageración de una necesidad o de un sentimiento, y consiste no en la causa, sino en el exceso, que se transforma en un mal, cuando es causa de otros males.
Cada pasión que conduce al ser humano hacia la naturaleza animal, le aleja de la espiritual.
Cada sentimiento que lo eleva por encima de la naturaleza animal, anuncia el predominio del Espíritu sobre la materia, y le acerca a la perfección. (Allan Kardec).

COMENTARIO EXEGÉTICO GIC: 

El ser humano está dotado, tal como muy bien lo expresa el maestro, por dos elementos claves, que son: los sentimientos y las necesidades. Ambos expresan el conocimiento y la fuerza, en ambas polaridades. 
El conocimiento es expresado por el lenguaje de los sentimientos análogos a los valores universales, dentro de la conciencia, como guía de los pensamientos, de las palabras y de los actos. Los valores, por ejemplos, son: el amor, la afinidad, la justicia, la igualdad, la compensación, la reciprocidad, la fortaleza, la templanza, la belleza, la tolerancia, la solidaridad, la paciencia, la confianza, entre otros. Son de doble polaridad, y se expresan como valores en sí o antivalores, es decir: sentimientos de justicia o de injusticia, de belleza o de fealdad, de fortaleza o de debilidad, de confianza o de desconfianza, etcétera. Al mismo tiempo, manifiestan conocimiento y fuerza; la fuerza es el fervor o grado de pasión, que tiene unos parámetros positivos y otros negativos, en base a los cuales se derivan sus efectos equivalentes: buenos o lo contrario. Los valores universales constituyen en el ser humano, los atributos divinos, que no son otra cosa que los sentidos cósmicos o espirituales, que le sirven para percibir la realidad integral y guiar su conducta en todos los ámbitos existenciales regidos por la ley cósmica.
Las necesidades, a su vez, constituyen el mecanismo que manifiestan, en la vida de la persona, el grado equivalente de poder creador a la necesidad experimentada, para ayudarle a satisfacerla. 
Es decir, el ser humano se encuentra dotado de un poder potencialmente infinito, el cual, únicamente, puede expresar por medio de las necesidades que va experimentando en la vida, en la escala jerárquica estructurada por Abraham Maslow, es decir: necesidades básicas, de seguridad, sociales o afectivas, de estimación, propia o ajena, y de autorrealización, además de ellas, la necesidad de conexión con la Divinidad. 
Cada necesidad expresa el grado equivalente del poder creador del cual está dotado para satisfacerla. Luego, el qué, el cómo, el cuándo, el dónde, el quién, el cuánto y el porqué, la persona lo percibe en una triple vertiente: 
1) Por su capacidad de razonamiento, utilizando la lógica inductiva y deductiva; 
2) La percepción intuitiva y la inspiración; 
3) La guía de los valores universales, mediante los sentimientos equivales expresados en la conciencia humana, réplica exacta de la del Creador; y, 
4) Los deseos en todas sus vertientes, que trascienden la satisfacción básica de las necesidades. La razón, la intuición, la inspiración, los valores, y sus sentimientos inherentes,  las necesidades y los deseos, cada quien a su manera, rigen sobre la voluntad, ésta sobre los pensamientos, las palabras y los actos, y los actos sobre los resultados.
La pasión, el fervor y el entusiasmo, constituyen fuerzas expresadas dentro del ser, en la conciencia; sus etapas de desarrollo pasan por los niveles de: la curiosidad, el interés, el conocimiento, la convicción, el entusiasmo y la determinación. Canalizan las propias fuerzas, más las que expresa el Creador, por el lenguaje de los sentimientos en la conciencia, y la fuerza de empuje y la de bloqueo; pero, además, expresan la inspiración de conocimientos y de fuerzas desde la dimensión espiritual, de los Espíritus. 
Estos inspiran, por el pensamiento dentro del pensamiento, ideas con las cuales la persona siente afinidad, generándole un impulso en ambas vertientes, positiva-negativa, según la índole del Espíritu inspirador, más la energía inherente a tales realizaciones. 
En ambos casos, cada persona posee el libre albedrío y puede decidir seguir o no la inspiración, y si se mantiene firme, prevalece la voluntad de la persona en particular, si logra superar la tentación y escucha la voz de su conciencia, quien siempre le indicará qué hacer o que dejar de hacer, cuando y porqué. Los antiguos denominaban al entusiasmo: -“Dios dentro de sí”. 
En la acepción de los antiguos, Dios significaba Espíritu. En conclusión: siempre que una persona decida seguir o dejar de hacerlo, cualquier inspiración, los entes inspiradores, respetarán dicha decisión.

907. El principio de las pasiones, que se encuentra en la naturaleza, es nocivo en sí mismo?



COMENTARIO EXEGÉTICO N° 907.

©Giuseppe Isgró C,


907.   El principio de las pasiones, que se encuentra en la naturaleza, es nocivo en sí mismo?
-“No; el mal de la pasión consiste en el exceso voluntario, por cuanto el principio fue otorgado, al ser humano, para el bien; pero del abuso se deriva la culpabilidad inherente”-.

COMENTARIO EXEGÉTICO GIC:

La pasión es un grado de fervor que excede el punto del equilibrio, o un sentimiento expresado en la conciencia en polaridad negativa y que, manifestado, luego, en pensamientos, palabras y actos, crea consecuencias de las cuales se ha de responder.
Empero, el fervor positivo, que denota el entusiasmo que la persona experimenta hacia la obra que realiza, además de la convicción implícita que contiene, transforma a la persona en incansable hasta alcanzar la perfección de la misma o la culminación de su ideal.
La pasión en su polaridad positiva es el artífice de las obras maestras de que disfruta la humanidad, así como de las innovaciones e invenciones del ingenio humano.

904. Hay culpabilidad en el acto de investigar los defectos de la sociedad y en divulgar la magnitud de los mismos?



COMENTARIO EXEGÉTICO N° 904

©Giuseppe Isgró C.


904. Hay culpabilidad en el acto de investigar los defectos de la sociedad y en divulgar la magnitud de los mismos?
-“Según el móvil que induce ese acto. Si quien lo realiza no tiende más que a producir escándalo, pagará la satisfacción personal que se procura presentando cuadros que, de ordinario, constituyen más bien ejemplos nocivos que edificantes. El Espíritu puede ser castigado por el placer que obtiene desvelando el mal”-.
Cómo juzgar, en tales casos, de la pureza de las intenciones y de la sinceridad del escritor o del orador?
-“Esto, por lo demás no sirve de nada; pero, en cada caso, si escribe o dice cosas buenas, aprovechadlas; caso contrario, es una cuestión de conciencia, que le concierne, únicamente, a la persona en particular. Del resto, si ella desea probar su rectitud, que avale sus preceptos con el propio ejemplo”-.

COMENTARIO EXEGÉTICO GIC: 

La pregunta antepuesta por el maestro denota la percepción de profunda agudeza que poseía en el ámbito de las comunicaciones sociales. La respuesta contiene una orientación que es preciso que, a nivel mundial, los comunicadores sociales, en todas las vertientes, y artes, perciban la conveniencia de que el ejemplo edificante que se transmite por medio del propio mensaje, con un enfoque positivo, centrando la atención en los aspectos ejemplares de la sociedad, constituye el mejor aporte para estimular su desarrollo. 
Se le atribuye a Jesús de Nazareth, el aforismo que expresa: -“En lo que ves, te convertirás”. Si la colectividad, a través de todos los medios de comunicación, incluyendo el arte, ve los ejemplos de la gente virtuosa, por el principio de: -en lo que se centra la atención se expande la  conciencia-, al orientar positivamente las mentes de las personas con mensajes constructivos, contribuimos  a edificar una mejor sociedad. Los ejemplos negativos hay que erradicarlos de la circulación, conjuntamente con las causas que los producen, y con campañas que centren la atención en la polaridad positiva opuesta. 
Ese será el periodismo que imperará en breve tiempo, a nivel mundial, y será la misma sociedad que exigirá, a los medios de comunicaciones, a que sea depurado el mensaje que transmiten en los cuatro medios  inherentes, como son la prensa, la radio, la televisión y el cine; más cualquier otra expresión cultural, como los libros, las obras de artes, el teatro, vallas publicitarias, folletos publicitarios, mensajes transmitidos de boca a boca, y cualesquiera otros vehículos de expresión humana, además de los mencionados. 
Es preciso ver la botella medio llena, y no medio vacía. Las cosas hermosas y no las feas, la prosperidad y no la pobreza, el amor y la armonía, y no lo contrario, ya que en lo que se ve y centra la atención, en eso, precisamente, cada quien se va convirtiendo, por la ley de atracción. Las imágenes mantenidas en la pantalla mental, tienen fuerza de atracción: atraen lo semejante, repelen lo desemejante.
 Los pensamientos y los sentimientos positivos, generan palabras y actos positivos, y auto-excluyen lo opuesto, automáticamente.